Blog

Las habilidades blandas no se tienen: se ejercen

Actualidad hace 2 años

Comunicación, liderazgo, trabajo en equipo — no son objetos que alguien posee o no. Son modos de vincularse que solo se verifican en el encuentro con otro.

...

Las llamadas "habilidades blandas" —comunicación, liderazgo, trabajo en equipo, resiliencia— suelen presentarse como una lista de atributos que alguien tiene o no tiene, medibles con un test o una autoevaluación del uno al diez. Pero ninguna de esas cosas se verifica en soledad, frente a un espejo: solo aparecen en el encuentro con otro. Y eso cambia completamente la pregunta.

¿Por qué es tan difícil evaluarse a uno mismo en esto?

Porque no hay nada que evaluar en abstracto. Nadie es "buen comunicador" en general, de la misma manera en que nadie es alto en general —se es alto respecto de algo o de alguien—. Lo mismo pasa acá: alguien que se explica con total claridad frente a un grupo puede quedarse mudo frente a una sola persona que lo interpela de un modo particular. La habilidad no es una propiedad del sujeto que se activa siempre igual, como un músculo entrenado. Es un modo de vincularse que cambia según quién está del otro lado.

Marca de uso, no lista de atributos

En la clínica de orientación vocacional se trabaja este punto con un concepto más preciso que "habilidad": la marca de uso. No se trata del objeto del interés o de la competencia en sí, sino del modo particular en que alguien se vincula con eso. Dos personas pueden tener el mismo "buen manejo de grupos" en el currículum y sostenerlo de maneras completamente distintas —una necesitando el control total de la situación, otra dejando que el grupo encuentre su propio orden—. Ninguna lista de nueve ítems distingue esas dos posiciones, porque están mirando el resultado y no el modo.

¿Se pueden aprender las habilidades blandas?

Se puede aprender una técnica —una estructura para dar una devolución, un protocolo para resolver un conflicto—. Pero lo que hace que esa técnica funcione o no en una situación real no es la técnica misma, sino cómo cada uno la hace propia, y eso no se transmite en una lista de consejos. Es del mismo orden que aprender a hablar un idioma: se puede memorizar gramática, pero hablarlo de verdad implica algo que excede la regla.

Lo que sí sirve preguntarse

La pregunta útil no es "¿qué tan buena es mi comunicación del uno al diez?", sino algo más cercano a esto: ¿con quién me cuesta vincularme, y qué se repite ahí? ¿En qué tipo de situaciones aparece espontáneamente algo que en otras se vuelve forzado? Esas preguntas no tienen una respuesta que se pueda medir, pero abren algo que una autoevaluación cierra de entrada: la posibilidad de pensar el propio modo de estar con otros, en vez de compararlo con un estándar genérico.

Esto es, también, parte de lo que se trabaja en una primera entrevista vocacional —no para llenar un casillero de "habilidades", sino para empezar a distinguir el modo propio de vincularse con lo que a cada quien le interesa.

Si esto te resuena y querés pensarlo con más detalle, se puede hablar. Escribime por WhatsApp

¿Querés leer el próximo artículo?

¿Todavía tenés dudas?

Estoy en línea, escribime

HABLEMOS
WhatsApp