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Me gustan muchas cosas y no sé qué estudiar: qué hacer

Actualidad hace 2 años

¿Por qué tener muchos intereses complica la elección en vez de facilitarla?

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Hay una versión del problema vocacional que se presenta así: "a mí me gustan demasiadas cosas, no puedo elegir una sola". Y hay una respuesta habitual a ese problema que dice: "entonces tenés que descubrir cuál te gusta más". Esa respuesta no ayuda. Porque si supieras cuál te gusta más, no estarías en este problema.

El punto no es cuántas cosas te gustan. El punto es que todavía no sabés cómo leer lo que te gusta.

Tener muchos intereses no es el problema

Cuando alguien dice que le gustan la fotografía, la biología y la cocina, lo primero que aparece es la pregunta por cuál elegir. Como si los tres intereses fueran opciones en competencia y hubiera que descartar dos para quedarse con uno. Pero esa pregunta parte de un supuesto equivocado: que los intereses son lo que importa.

Lo que importa no es el objeto — la fotografía, la biología, la cocina — sino el modo en que te vinculás con cada uno de ellos. Porque casi siempre, si mirás con atención, vas a encontrar que hay algo que se repite. No el tema, sino la forma. Hay quien en la fotografía busca capturar detalles que los demás no ven, en la biología le fascina entender cómo funciona un sistema, y en la cocina experimenta combinaciones hasta que algo funciona. Eso no son tres intereses distintos — es una misma forma de vincularse con las cosas, que aparece en tres campos diferentes.

Ese patrón que se repite es lo más valioso que tenés. Y es lo primero que desaparece cuando la pregunta es "¿cuál te gusta más?".

Por qué la cantidad confunde

Cuantos más intereses hay, más fácil es perderse en el detalle de cada uno y más difícil es ver lo que tienen en común. Es como tener demasiados árboles enfrente: no podés ver el bosque. Y la carrera que vas a elegir no es un árbol — es el bosque. No es una disciplina específica sino un modo de vivir los próximos años, un tipo de vínculo con el conocimiento, una relación con el tiempo y con otros.

Eso no se ve comparando carreras entre sí. Se ve mirando cómo sos vos cuando estás haciendo algo que te captura de verdad. No cuando lo estás pensando — cuando lo estás haciendo. ¿Qué hacés cuando te enganchás con algo? ¿Cómo te relacionás con eso que te interesa? ¿Qué pasa cuando perdés el registro del tiempo?

Esas preguntas son más útiles que cualquier lista de carreras posibles. Porque lo que aparece en las respuestas no es un interés — es una forma. Y esa forma es la que te va a ayudar a elegir.

Lo que no sirve y lo que sí

Hacer un test vocacional cuando te gustan muchas cosas suele producir un resultado que confirma lo que ya sabías: te gustan muchas cosas. Tampoco sirve demasiado pedirle a alguien que te diga cuál es tu fuerte, porque el fuerte no resuelve la pregunta de qué querés hacer con él.

Lo que sí sirve es prestar atención a algo más específico: ¿en cuál de tus intereses perdés la noción del tiempo con más frecuencia? ¿En cuál sentís que podrías seguir profundizando sin que se agote? ¿Hay alguno donde la dificultad no te frena sino que te engancha más? Esas no son preguntas sobre qué carrera elegir — son preguntas sobre cómo te relacionás con el conocimiento y con el esfuerzo. Y eso dice más sobre la elección que cualquier ranking de intereses.

Gustar de muchas cosas es un punto de partida, no un obstáculo

El problema no es que te gusten muchas cosas. El problema es creer que tener muchos intereses es un defecto que hay que corregir eligiendo uno solo. No lo es. Es material. Material que todavía no aprendiste a leer.

Aprender a leerlo no significa reducirlo — significa encontrar el patrón que lo atraviesa. Y ese patrón, cuando aparece, no elimina los otros intereses. Los organiza. Les da una dirección que antes no tenían.

Eso no pasa de un día para el otro. Pero empieza cuando dejás de buscar cuál te gusta más y empezás a preguntar cómo sos cuando algo te gusta de verdad.

¿Todavía tenés dudas?

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