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¿Qué es la vocación? Por qué buscarla como un destino ideal genera más angustia que respuestas

Actualidad hace 4 semanas

Del "quién soy" al "qué hago con lo que soy"

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La vocación no es una pasión escondida que espera ser descubierta. Pensarla así —como un ideal que hay que encontrar para ser feliz— es precisamente lo que convierte la elección de carrera en una fuente de angustia. Desde una perspectiva psicoanalítica, la pregunta no es "¿quién soy?" sino "¿qué puedo hacer con lo que soy?": no se trata de encontrar una identidad en el trabajo, sino de localizar qué modo singular de funcionar puede alojarse en una práctica.

La vocación como ideal: por qué la búsqueda de "lo tuyo" puede paralizarte

En el campo de la orientación, la palabra "vocación" suele presentarse como una revelación mística: un llamado interno, una pasión absoluta que espera ser descubierta para darnos la felicidad plena. Esta idea —que carga a la elección de un sentido trascendental— es, paradójicamente, una de las mayores fuentes de angustia para quien debe elegir.

Cuando pensamos la vocación como un ideal de perfección (tengo que encontrar lo mío), la convertimos en una vara imposible. El sujeto se pierde en el laberinto de las opciones buscando aquella que no tenga fisuras, aquella que coincida punto por punto con su identidad.

Cuanto más inflamos el sentido de una elección, más la alejamos de la realidad. El ideal de la vocación verdadera funciona como un tapón que impide el encuentro con lo que realmente se pone en juego en una práctica.

La marca de uso: lo que el sujeto hace sin saber por qué

Si despojamos a la vocación de su ropaje romántico, ¿qué queda? Queda una marca de uso. La marca de uso debemos situarla como el reverso exacto de la competencia profesional. Mientras que la competencia es algo que se adquiere (un saber universal, un título), la marca de uso es algo que ya está ahí y que el sujeto pone a trabajar, a menudo sin saberlo.

La marca de uso no es una opinión que el sujeto tiene de sí mismo, sino una fijeza de su goce. De ese modo se desplaza la pregunta por el ser (¿Quién soy?) hacia el hacer (¿Qué puedo hacer con esto que soy?). La identidad es siempre una impostura, pero el modo de gozar es real. La marca de uso es el punto donde el sujeto deja de buscar una identidad ideal en el trabajo y empieza a usar su trabajo como un soporte para su síntoma. No busco una carrera que me defina, busco una práctica donde mi "marca" (mi modo de gozar) tenga un lugar donde alojarse sin ser destructiva.

Orientar, entonces, no es ayudar a alguien a encontrar su "destino", sino acompañarlo a localizar qué letra se repite en sus intereses. No se trata de lo que el sujeto dice que le gusta (el sentido), sino de lo que el sujeto hace sin saber muy bien por qué.

Escrituras de goce: modos fijos de arreglarse con la vida

Hay quien necesita el orden del detalle para no angustiarse, hay quien necesita el contacto con el riesgo o lo imprevisto para sentirse vivo, hay quien encuentra satisfacción en el silencio del archivo o en el ruido de la escena.

Estas no son "pasiones", son escrituras de goce. Son modos fijos en que cada uno se arregla con la vida.

Elegir no es encontrar el tesoro: es apostar con los restos de lo que somos

El alivio clínico en la orientación vocacional aparece cuando se produce una deflación del ideal. Cuando el sujeto entiende que ninguna carrera o trabajo va a completar su ser, pero que algunas prácticas le permiten alojar su modo de gozar mejor que otras.

Elegir no es encontrar el tesoro escondido; es hacer una apuesta con los restos de lo que somos. Al final del laberinto de las dudas, no está la profesión perfecta, sino la posibilidad de inventar una forma de vida que sea compatible con nuestra marca más singular.

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