Psicoanálisis online

El psicoanálisis es una práctica imposible

hace 1 año

Freud decía que el psicoanálisis es imposible. Por qué eso no es un defecto sino su condición

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Hay una pregunta que casi nadie hace en voz alta cuando empieza a buscar un analista, pero que está ahí: ¿por qué elegiría un tratamiento que no me promete curarme?

Es una pregunta legítima. Y merece una respuesta honesta.

El psicoanálisis no promete eliminar el síntoma. No promete que la angustia va a desaparecer, que la tristeza se va a ir, que los miedos van a dejar de existir. Cualquier analista que prometa eso está mintiendo — o no está haciendo psicoanálisis. Y sin embargo, hay personas que eligen este camino. No por masoquismo ni por falta de opciones. Sino porque en algún punto intuyen que lo que les pasa no es un problema que se resuelve eliminándolo.

Lo imposible según Freud

Freud decía que hay tres profesiones imposibles: educar, gobernar y psicoanalizar. Imposibles no porque sean inútiles — sino porque en las tres hay algo que no se puede controlar del todo. Un maestro no puede garantizar que lo que enseña va a ser recibido exactamente como lo transmite. Un gobernante no puede controlar del todo lo que produce en quienes gobierna. Y un analista no puede prometer el resultado de un proceso que depende, fundamentalmente, de lo que el analizante hace con lo que ocurre en el análisis.

Esa imposibilidad no es una falla del método. Es su condición. El psicoanálisis no es imposible a pesar de trabajar con el sujeto — es imposible porque trabaja con el sujeto. Y los sujetos no funcionan como máquinas que se reparan.

El síntoma no es el problema

Cuando alguien llega con un síntoma — angustia, tristeza, un miedo que no cede, una repetición que no entiende — la tentación más natural es querer que desaparezca. Y hay tratamientos que apuntan exactamente a eso: reducir el síntoma, manejarlo, hacerlo tolerable.

El psicoanálisis hace otra pregunta: ¿qué dice este síntoma? No qué lo causa en términos biológicos o conductuales — qué dice sobre este sujeto particular, en este momento de su vida, con esta historia. El síntoma no es el enemigo a eliminar. Es el texto más honesto que el sujeto produce — más honesto que lo que dice cuando explica lo que le pasa, más honesto que las razones que construye para entenderse.

Leerlo, en lugar de borrarlo, es lo que produce algo diferente. No la desaparición del malestar — algo más duradero: un cambio en la posición del sujeto frente a lo que le pasa. Y muchas veces, desde ese cambio de posición, el síntoma cae. No porque se lo haya atacado directamente sino porque ya no cumple la misma función.

Qué ofrece entonces

El psicoanálisis no ofrece la eliminación del sufrimiento. Ofrece algo más difícil y más valioso: la posibilidad de entender qué función cumple ese sufrimiento — y de encontrar otros modos de arreglarse con lo que la vida plantea.

Eso requiere tiempo. Requiere tolerancia a la incertidumbre. Requiere estar dispuesto a escuchar cosas sobre uno mismo que no siempre son cómodas. No es el camino más rápido ni el más tranquilizador.

Pero hay algo que ofrece que ninguna promesa de cura puede dar: que lo que cambia, cuando cambia, es genuinamente del sujeto. No es un alivio administrado desde afuera — es un movimiento que ocurrió adentro, que el sujeto puede sostener porque lo construyó él mismo.

Eso es lo que hace que alguien elija un tratamiento que no promete curarlo. No la resignación ante la falta de alternativas — la convicción, a veces apenas intuida, de que lo que necesita no es que le saquen algo sino que algo se mueva.

Elegir un tratamiento que no promete curarte requiere cierta disposición a lo incierto. Si estás en ese punto y querés conversar, la primera entrevista es gratuita.

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